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SAUL UBALDINI: Ni de derecha, ni de izquierda

El prólogo para el libro SAÚL QUERIDO recuerda aquella movilización del 30 de marzo de 1982 en la Plaza de Mayo contra la Dictadura

Por » Carlos “Pancho” Gaitán
correo@losocial.com.ar
 

30 de marzo

Los que siempre pretenden identificar -y encasillar- ideológicamente según expresiones externas, con Saúl Ubaldini no tenían chance, porque confrontaba con la derecha reaccionaria y neo liberal y defendía los intereses de la clase trabajadora, armónicamente con los intereses y concepciones nacionales. Proclamó abiertamente su peronismo y provenía de sus entrañas desde el Frigorífico Lisandro de la Torre.

Con Saúl Ubaldini nos conocimos en la CGT en abril de 1974, con motivo de la iniciación del curso de capacitación organizado por la Central de Trabajadores de Argentina, inaugurado por el Presidente Juan Perón, para aspirantes a ser miembros del cuerpo de Agregados Laborales del Gobierno Nacional y Popular que recuperó para nuestro país la democracia a partir del 25 de mayo 1973.

Éramos unos 30 jóvenes dirigentes sindicales –yo, de 38 años, miembro de Comité Central Confederal de la CGT en representación del SAON –Sindicato Argentino de Obrero Navales- y Saúl de 37, dirigente de la FOCA –Federación Obrera Cervecera Argentina-, en representación de los trabajadores de levadura de cerveza. Con él nos hicimos grandes amigos, y al despedirnos a fines del curso en el Recreo del SAON en Burzaco, nos comprometimos -todo el grupo- a que, si alguno de los participantes lograba “coronar” su lucha en la CGT, “el conjunto lo apoyaría”.

Técnico Industrial, graduado en el sistema de capacitación y orientación profesional, creado por el Coronel Perón desde la Secretaría de Trabajo y Previsión Social en 1944, Saúl se convirtió con los años en uno de los líderes sindicales más apreciados por la clase trabajadora, a partir de la marcha de “San Cayetano”  contra la política de la Dictadura Militar en 1981, “por la vida y la democracia”, bajo la consigna de “Pan, Paz y Trabajo”.

Fue indudablemente un dirigente particular, con su propia personalidad, prolífico en actitudes solidarias. Cuando la Dictadura Militar intervino sindicatos e intentó disolver la CGT, los gremios afectados constituyeron un ‘Grupo de Sindicatos Intervenidos’ entre los que estaban la UOM –Lorenzo Miguel estaba preso en el barco-; Luz y Fuerza, representado por Oscar Smith -detenido desaparecido-; UPCN; Construcción; Obreros Navales; SMATA; y varios más que expresaban el grupo más numeroso. Fue Cerveceros, por acción de Saúl Ubaldini, uno de los refugios de ese grupo, junto con Papeleros y Calzado, organizaciones que posibilitaban las reuniones en sus sedes, lo que implicaba contravenir las duras disposiciones de la Dictadura.

Ubaldini en representación de la FOCA, fue miembro fundador de la “Comisión Nacional de los 25” en 1977, la que llevó la confrontación del Movimiento Obrero contra la Dictadura genocida que ya había recibido los embates del SMATA –trabajadores de la industria automotriz- , de la Unión Ferroviaria y el conflicto central desarrollado por la Federación de Luz y Fuerza en 1976, que le costara la vida a su Secretario General en febrero del ’77.

Creo que lo fundamental de la lucha de la CGT conducida por Saúl Ubaldini fue la Movilización del 30 de marzo de 1982 en la Plaza de Mayo contra la Dictadura la que, pese a la dura y sangrienta represión que costó la vida a un militante metalúrgico y dejó innumerables  trabajadores heridos, demostró que tenían a ésta contra las cuerdas, a tal punto que para intentar salvarse, el irresponsable General Galtieri –entonces dictador mayor-, sirviendo los planes de la Marina y los intereses de Gran Bretaña, dispuso la invasión a la irredenta Isla Malvinas.

 Sobre la movilización del 30 de marzo, el historiador Carlos Paz, en el periódico ‘Aportes’, N° 12 de marzo de 1987 dijo: “Esta es una fecha que no figurará jamás en el calendario de la democracia a la europea que trata de imponer el alfonsinismo. Este interesado y previsible olvido no puede asombrar a nadie porque la historia –aunque se enojen los historiadores profesionales- es política y el pasado siempre se organiza en función de las necesidades y conveniencias del presente. Y esta “República de formas” que soslaya el conflicto social y piensa que la modernidad pasa por aceptar mansamente la sumisión del país al poder financiero internacional, no es la excepción. Ella también necesita construirse una historia adecuada a su estilo y a sus fines, en la que imperen los buenos modales, el equilibrio que seduce al “medio pelo” y el culto a la estadística, protagonizada por “ciudadanos” bien pensantes y tecnócratas bilingües que reemplazan el compromiso con las mayorías por la indiferencia cómplice y la pasión nacional por el cientificismo de importación”.

Pareciera que Carlos Paz, se estuviera refiriendo a la realidad actual.

Vuelto el país a la democracia en 1983, el Presidente Alfonsín intentó cumplir el Plan de los centros mundiales de poder, para lo cual pretendió dividir y atomizar el Movimiento sindical presentando un proyecto de Ley denominada “Ley Mucci” -por el apellido de su Ministro social demócrata, ex dirigente gráfico, miembro del grupo denominado “32 Gremios Democráticos y Mayoritarios”, engendro dirigido por el Partido Socialista Democrático, al servicio de la Dictadura de Aramburu y Rojas- e implementar el Plan Austral, para lo que requería el apoyo del Movimiento Obrero. Este sector, como es sabido, tiene sus propias contradicciones  y nunca faltan los “crumiros”
-término utilizado por los anarquistas para identificar a los traidores-, pero éstos no pudieron con la intransigencia e integridad de la CGT conducida por Ubaldini quien, convertido en jefe de la oposición -fue entonces que comenzó a ser “Saúl Querido”- le declaró 13 paros al Gobierno de Alfonsín, que acusó a Saúl de ser parte de los “mantequitas y llorones” por la emotividad que expresaba en sus mensajes. Éste, por su parte, le contestó desde un acto multitudinario en Plaza de Mayo, que “llorar es un sentimiento, pero mentir es un pecado”.

La intransigencia de la defensa del modelo sindical argentino nacido con el peronismo y de los intereses nacionales y de los trabajadores, que define un encuadramiento unitario para todos los trabajadores de un mismo sector de la economía al margen de su oficio o especialidad; intentó ser cuestionado con acusaciones de corrupción -algo que en el movimiento obrero lamentablemente no falta, al igual que en todos los sectores-, que cayeron en saco roto por la transparencia y coherencia de su vida.

La corrupción de algunos dirigentes no lesiona la honestidad y honorabilidad de la absoluta mayoría de miles y miles de sus dirigentes y cuadros sindicales de todos los gremios a los que los intereses contrarios pretenden descalificar ante el conjunto de la sociedad con el objeto de vulnerar su capacidad de defensa de los intereses de los trabajadores.

Aquella defensa de un modelo sindical piramidal de unidad sectorial de los trabajadores en el que cupieran todos terminó, luego de 33 años de democracia, en la existencia de casi 3.000 organizaciones sindicales, que son una expresión sin razón, de la idea de forjar un poder que participe en la construcción de un proyecto de país, en la que los trabajadores tienen todo por decir.-

Para “Saúl Querido”.

San Javier, Córdoba, 8 de enero de 2017.-

Carlos “Pancho” Gaitán

 

Publicado el 06/03/2017

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