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El compromiso de Uribe con Washington

Altos funcionarios de Colombia viajaron raudamente a Washington, para asegurarle al secretario de Defensa de ese país que estaría garantizado el acuerdo sobre la utilización de bases militares para el acantonamiento de tropas norteamericanas. Sin embargo, el tema de la inmunidad de esas tropas está generando trabas desde el Consejo de Estado.

Por » IMA
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El presidente de Brasil, Luiz Inácio lula da Silva, no le puso mayores objeciones a su homólogo colombiano, Alvaro Uribe, con relación a las bases militares en ese país, señalando que “en Brasil tenemos que aprender un día que si respetamos la soberanía de cada país, todo será mejor". Claro que se guardó de opinar hasta después de que se conozca la letra chica del acuerdo firmado con Estados Unidos.

Lula sabe que las bases militares colombianas serán habitadas durante una década al menos por casi 2.000 militares norteamericanos, además de los pertrechos y los integrantes de las distintas agencias americanas. La letra chica es la que todavía no se conoce, aunque informaciones periodísticas provenientes de Colombia indican que habrá un tratamiento especial para con esas tropas y que el control a ser ejercido por las Fuerzas Armadas colombianas no es el más adecuado.

Uribe viene sosteniendo que el acuerdo no va más allá de una continuidad de los firmados con anterioridad en el marco del Plan Colombia. Pero el mandatario no contaba con la posición adoptada por el Consejo de Estado, cuya mayoría consideró que las negociaciones en curso “van más allá de una simple adición a los tratados anteriores”. Aunque no termina de ser vinculante, los magistrados consideran que el acuerdo debe ser avalado por el Congreso

Si estos acuerdos van al Congreso efectivamente, el próximo paso será la Corte Constitucional, que deberá revisar las condiciones de permanencia del personal norteamericano en territorio colombiano, porque se sospecha, no sin razón, que se evadirá la decisión del Tratado de Roma, que no avala la inmunidad de personal extranjero. Durante el gobierno de George W. Bush, Estados Unidos presionó fuertemente para lograr que los países latinoamericanos denunciaran o al menos se abstuvieran de poner en práctica estos acuerdos internacionales. En casi todos los casos, se restringía la ayuda militar y hasta se llegó a cortar los créditos en aquellos países que se ajustaban a su soberanía plena. El no acogerse al Tratado de Roma, implica que los militares norteamericanos y los integrantes de las agencias que operan en territorio extranjero, no están sujetos a las leyes nacionales, cualquiera fuera el delito que cometieran.

El texto del acuerdo, que fue reclamado en la última Cumbre de países latinoamericanos en Bariloche, Argentina, sería dado a publicidad luego que funcionarios colombianos se reúnan con Robert Gates, secretario de Defensa de Estados Unidos. El titular de Defensa colombiano, Gabriel Silva, antes de viajar a Washington, dijo que “había en curso un procedimiento: Qué pensaría el Consejo de Estado si salimos a divulgar un acuerdo antes de que ellos expresaran su opinión, no era posible ni factible, pero ese trámite ya está listo y bueno, muy pronto el texto del acuerdo será conocido por la opinión pública".

Para Washington, el tema de la “inmunidad” no parece negociable. Va más allá de quien gobierne, si Bush o Obama. Fuentes oficiales ya adelantaron que “la inmunidad quedó planteada en los mismos términos en que está establecida en los primeros acuerdos militares firmados por los dos países en 1974: el personal militar y sus familias tienen los mismos privilegios e inmunidades que el personal de la Embajada".

Para el embajador de Estados Unidos en Bogotá, William Brownfield, su Gobierno “no tiene por qué publicar el texto del acuerdo ya que se trata de un convenio bilateral, aunque no hay nada oculto; normalmente en la práctica diplomática de los últimos años es permitido no publicar los acuerdos de cooperación a todo el mundo, porque se trata de un acuerdo bilateral, pero si hay razón por parte de los dos gobiernos se mostrará el texto".

Uribe sabe que si acepta permitir el circuito institucional para el acuerdo, generará una áspera e incierta discusión interna y en el resto de los países latinoamericanos. Esto retrasaría considerablemente un acuerdo al que se quiere dar viabilidad rápidamente. Sobre todo porque las tropas norteamericanas ya han desalojado la base militar de Manta en Ecuador y Estados Unidos necesita tener esa suerte de enclave militar en el país sudamericano que conserva desde hace décadas la más estrecha amistad con la Casa Blanca. A punto tal que en el Norte nadie se asombra ni reprueba que Uribe pueda seguir en el poder. Las consideraciones relacionadas con las supuestas dictaduras se siguen guardando para otros países con gobierno también democráticamente elegidos, pero no alineados.

Publicado el 24/10/2009

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