TECNOLOGÍA PUEBLOCÉNTRICA
La disyuntiva a resolver transita entre asumir un modelo a imitar, o implementar el que nuestras necesidades sociales nos demandan. La dependencia tecnológica –y científica- es sólo un aspecto de la dependencia cultural, cuya otra cara es la imitación del estilo consumista de los países dominantes. Debemos y podemos decidir nosotros, sin seguidísmo, qué queremos producir.
El proyecto de la “dependencia consentida” impuesto de facto ya hace más de tres décadas ha instalado en el imaginario colectivo el mandato (ineludible) de incorporarnos a la modernidad dentro del primer mundo para no desconectarnos del “progreso” tecnológico y científico central. Acreditado que la bonanza prometida no fue tal (para la gran mayoría de nuestro pueblo), es tiempo de interrogarnos seriamente sobre qué necesitamos realmente los argentinos.
No dudemos que el planteo de los problemas y sus soluciones es ideológico. Presentar a la ciencia como “neutral” encubre los intereses de los organismos patrocinadores (poder y prestigio), de los gobiernos (políticos), de las empresas (lucro y poder) y hasta de los mismos científicos (posiciones, vanidades personales, cuotas de poder, tal vez dinero, reconocimiento social), enseña Gustavo Cirigliano.
La disyuntiva a resolver transita entre asumir un modelo a imitar, o implementar el que nuestras necesidades sociales nos demandan. El científico tiene como responsabilidad social la tarea de producir los conocimientos que conduzcan a la resolución de los problemas y la satisfacción de las necesidades del pueblo que le confía la tarea.
Quienes aceptan el discurso de la incontaminación de la ciencia, se aíslan del contexto social y político de su país, por lo que definir las características del estilo tecnológico a aplicar impone deducirlas de los objetivos nacionales del propio proyecto de país,
De lo que se trata es de resolver problemáticas tales como la de quienes carecen de agua, de vivienda, padecen enfermedades endémicas, de los desocupados, los analfabetos, los inundados, la desnutrición, la mortalidad infantil, los que están debajo del nivel de la pobreza, la deuda externa, y la interna, la distribución no equitativa de la riqueza, la evasión fiscal, la especulación, la fuga de capitales, el agujero de ozono.
Nos tenemos que parar frente a la propuesta instalada en el imaginario colectivo del progreso, el desarrollo, el bienestar como ligados a la tecnología más moderna, según nos dicen los medios de difusión, los tecnólogos y las grandes empresas vendedoras de tecnología, repensando desde nuestra identidad la elaboración de una propuesta tecnológica pueblocéntrica, recordando que la tecnología no sale de la ciencia sino de las empresas y que la ciencia se mediatiza y se ajusta al interés de las industrias, del mercado y de las instituciones del poder.
El “conocimiento” en una sociedad capitalista (estatal o privada) es poder, al que la verdad científica se encuentra sometido. Debemos comprender y asumir que nadie regala el poder y que la mal llamada “transferencia tecnológica”, aparece como eje de la dependencia. Dependencia que termina cuando el país define su estilo tecnológico propio, sobre la base de su Proyecto Nacional, y crea, innova, adapta e incluso compra si lo considera necesario.
La dependencia tecnológica –y científica- es sólo un aspecto de la dependencia cultural, cuya otra cara es la imitación del estilo consumista de los países dominantes. Debemos y podemos decidir nosotros, sin seguidísimo, qué queremos producir. Con poder de decisión y claridad de objetivos, los problemas de dependencia no son irresolubles, para lo que inicialmente debemos liberarnos es del mito de la tecnología todopoderosa, infalible, universal y neutra, basada en una ciencia pura y en conocimientos que sólo se encuentran en media docenas de países y sobre todo en EE.UU. Sin que ello signifique sobrestimar la nuestra.
Es claro que la pretendida superioridad tecnológica de los países centrales no se constata en la resolución de problemas de tipo social, institucional, organizativo, político, como lo muestra la lectura de la realidad (no siempre la publicada). Esto lo perciben los millones de analfabetos, de desnutridos, de los que no tienen acceso a la salud ni a la educación; aunque prefieren ignorarlo (o justificarlo como inevitable) el uno por ciento (60 millones) de la población mundial más rica que atesora una riqueza igual a la que se distribuye entre 2.700 millones de habitante más pobres del planeta.
La dependencia tecnológica (cultural) y la militar terminan siendo las causas mediatas de la dependencia económica, vinculada íntimamente con el financiamiento externo, la instalación local de filiales de empresas transnacionales, el sometimiento a un comercio internacional controlado por otras manos, y la mal llamada “transferencia” de tecnología.
Comprar o copiar tecnología a medida que ella se va renovando en los centros imperiales, implica depender de las importaciones de bienes intermedios y de capital –mas los colaterales- pues es imposible producir en un país mediano todos estos bienes, a la velocidad con que aparecen, lo que nos impone advertir claramente el vínculo doble que existe entre la tecnología y el comercio exterior.
El lenguaje proveniente de los países centrales es alienante y origina un pensamiento que no es libre y que imposibilita el propio pensamiento. Es indispensable no perder de vista el eje pueblocéntrico para que sea el país quien realmente seleccione entre las innovaciones cuáles son las que no tenemos más remedio que importar, por compra o copia,
No es casual que los estudios y anteproyectos de infraestructura que encaran nuestros países se hayan venido encargando a consultores extranjeros, a pesar de la recurrente experiencia que acredita sus errores y una causal visión parcial e interesada, a pesar de que no nos faltan expertos de nivel similar.
La banca internacional (BID, Banco Mundial) solicita entre las garantías la “calidad intachable” de los anteproyectos, imponiendo así la participación de sus propios expertos y de consultorías internacionales que gozan de su confianza. Lamentablemente han sido estos consultores y expertos los que han definido nuestra política energética, ferroviaria, petroquímica, financiera, previsional, entre otras.
La aparente neutralidad “tecnológica” reclama la adhesión a los convenios internacionales sobre patentes, lo que nos ata voluntariamente las manos. El argumento (falaz) es que además de ser inevitable tiene como ventajosa contrapartida la protección de nuestros descubrimientos. Lo que no se dice, aunque es sabido, es que el día que tengamos algo lucrativo que proteger ninguna de las grandes potencias o empresas respetará esos convenios.
Para cambiar el rumbo debemos apelar a lo que Oscar Varsavky denominaba el estilo creativo, definiendo por nosotros mismos las líneas prioritarias de investigación científica, aplicando el estilo tecnológico propio para resolver los problemas que se vayan planteando y que no puedan resolverse satisfactoriamente con los conocimientos actualmente disponibles, sin permitir que los problemas de coyuntura hagan olvidar el largo plazo.
Señalaba el pensador que “en pocos campos es nuestra dependencia cultural más notable que en éste (de la ciencia y de la investigación) y menos percibida. Eso ocurre en buena parte porque el prestigio de la ciencia -sobre todo de la ciencia física, máximo exponente de este sistema social- es tan aplastante que parece herejía tratar de analizarla en su conjunto con espíritu crítico, dudar de su carácter universal, absoluto y objetivo, pretender juzgar sus tendencias actuales, sus criterios de valoración, su capacidad para ayudarnos a nosotros, en este país”, a salir de nuestro subdesarrollo”.
Es el Proyecto Nacional el que debe determinar los planes de producción de corto y largo plazo definiendo las características y líneas principales de la tecnología: estilo y temas. Luego, la tecnología determina cuál es la ciencia funcional aplicable. Las líneas que el proyecto de país no considera prioritarias deben dejar de tener el estímulo exagerado que le dio el proyecto dependiente. Independencia no significa aislamiento sino sólo fronteras poco permeables.
El proyecto pueblocéntrico es el que permitirá conquistar la liberación, la independencia cultural, la solidaridad social, la participación profunda de todo el pueblo, con un nivel de vida material adecuado, asegurándonos que los medios deben ser coherentes con los fines. Proyecto pueblocéntrico que asume al hombre como única razón de ser - legítima- de todo conocimiento.
Nuestra estrategia tecnológica debe considerar nuestros recursos naturales, humanos, de capital, así como la capacidad de importar a cambio de exportaciones y la capacidad política real de tomar decisiones correctas y de hacerlas ejecutar, es decir con poder y racionalidad.
En los países centrales y en los imperios la investigación suele servir primordialmente a dos fines: la guerra y el lucro de las empresas. Aunque los proyectos nacionales no son repetibles absolutamente, vale la pena repensar el de la República de Dios (Misiones Jesuíticas) en el que el lucro estaba ausente y la paz social garantizada por el trabajo fecundo.
La política (y la economía) global siguen apelando al paradigma científico reduccionista fragmentario, el que creía que el mundo funcionaba como un aparato de relojería, por lo que reparando una parte del todo automáticamente el conjunto se acomodaba. Se pretende seguir haciéndonos creer que el mercado autorregulador garantiza el bienestar colectivo y la prosperidad de los pueblos (vía derrame), o que importar la tecnología de los países centrales permitirá el pleno desarrollo de una modernidad impostergable para los pueblos. Sin embargo el método de análisis científico ha evolucionado, el paradigma emergente es integral, sistémico y ecológico, visualizando al hombre como integrante de un todo y sujeto principal de la ciencia.
El científico “descubre” lo nuevo y luego se ve obligado a desarrollar una nueva justificación, ya que la metodología de análisis anterior lo llevaría irremediablemente a repetir conclusiones superadas por el descubrimiento. En ello juega un rol sustantivo la percepción. Descubrir y deducir la realidad humana también requiere cambiar de rumbo, ya que recorriendo los caminos habituales se llega a respuestas parecidas.
Todos aquellos que integran las grandes corporaciones, nacionales e internacionales, tienen que convencerse de una vez por todas de que si siguen en la misma tesitura en que están serán víctimas ellos mismos de los lobos que están haciendo nacer diariamente. Es por eso que deberán cambiar de actitud todos los que todavía no han tomado conciencia de que estamos en el inicio de una nueva era, que no dudo nos tendrá con un protagonismo ejemplificador.
De lo que se trata es de retomar el cauce que fueron creando nuestros pensadores nacionales y que hoy recobra vigencia en un contexto nacional en el que los nuevos vientos patagónicos nos permiten volver a visualizar nuestra estrella polar, la que Perón decía marca el rumbo de los hombres del Sur.
Fuente: PROPUESTAS PARA SALIR DEL INFIERNO Nº 14 - Suplemento Página 12 del 07/03/05
Publicado el 27/12/2009